jueves, agosto 29, 2013

PARKER VOL 2: LA COMPAÑÍA

Autor de la novela original: Richard Stark 

Adaptación e ilustraciones: Darwyn Cooke

Precio: 18 euros

Editorial Astiberri

Valoración: 8 sobre 10

Citas: -"¡Acabas de firmar tu sentencia de muerte!" (Fairfax)

-"Error, no me estáis cazando. Ahora mismo el que caza soy yo" (Parker)


Reseña: Los lectores que hayan visto reseñas anteriores quizá sepan que soy fan de la serie negra, pero no de las novelas actuales, sino la de los autores que iniciaron y consolidaron el género, como Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Jim Thompson. Estos sentaron las bases y los demás autores beben de sus fuentes, como el propio Richard Stark que se fijaba especialmente en Jim Thompson (no os perdáis la inquietante "1280 almas") en el sentido de que su personaje más famoso y longevo es un maleante despreciable y ultraviolento que hace tomar su propia medicina a sus semejantes. La verdad es que todas las obras que señala Ed Brubaker, al que tengo de un experto en la materia, no falla y de esta afirmó: "Parker es el criminal más icónico jamás crado y también mi favorito".

El propio creador del personaje cuenta su inspiración al darle vida en el papel: "La idea de la novela se me ocurrió de una manera completamente mundana: cruzando a pie el puente George Washington. Había estado haciéndole una visita a un amigo que vivía a unos cuarenta y cinco kilómetros al norte de Nueva York y había cogido un autobús para regresar a la ciudad. Sin embargo, me equivoqué de número y acabé en Nueva Jersey en vez de en Nueva York (que era donde estaba mi línea de metro). De modo que decidí cruzar el puente andando, sorprendido por la fuerza del viento (ya que en el resto de la ciudad apenas soplaba una brizna) y también por lo mucho que el puente, aparentemente sólido, temblaba y se balanceaba ante sus vaivenes y el matraqueo del tráfico. Había velocidad en los coches que pasaban junto a mí, vibración en el metal bajo mis pies, tensión en toda la atmósfera. Una vez montado en el metro, empecé a desarrollar lentamente en mi cabeza un personaje adecuado para aquel entorno, cuya velocidad, solidez y tensión rivalizaran con las del puente. Otros personajes iban y venían, pero él rápidamente adoptó un rostro, una manera avasalladora de caminar. Lo imaginé con un aspecto similar al de Jack Palance, y me pregunté: ¿por qué está cruzando el puente a pie? No es porque se haya equivocado de autobús, sino porque está furioso. Pero no se trata de una furia acalorada; es una furia fría. Porque hay ocasiones en las que las herramientas, ya sean martillos, coches, armas o teléfonos, no sirven de nada. Hay ocasiones en las que sólo el uso de todo tu cuerpo, el tacto duro y rugoso de tus manos, puede llegar a resultar satisfactorio. De modo que escribí un libro sobre aquel hijo de perra llamado Parker, y a medida que la historia iba avanzando no pude evitar empezar a apreciarle, por lo bien definido que estaba. Nunca tuve que pensar demasiado en qué iba a hacerle hacer a continuación. Él siempre lo sabía. Hasta cierto punto, supongo que me gustaba Parker por todo lo que no me contaba sobre sí mismo".

Darwyn Cooke vuelva a usar el mismo estilo de narración que su primera obra recopilada "El cazador": tramas que terminan con una sorpresa y flashbacks que muestran desde otra perspectiva cómo otro personaje clave llega a esa situación sorprendente; combinación de páginas con más dibujo que textos  y, luego, mucho texto con dibujo de apoyo. No obstante, al autor se le percibe más relajado, más "suelto" en esta segunda entrega, se permite innovar, lo cual se observa en un capítulo donde se narran los hurtos del protagonista y sus amigos contra la Compañía con abundante texto y menos dibujos, pero con los que pretende hacer algo nuevo, algunos casi tan simples que parecen infantiles.


Parker ha recuperado su tipo de vida anhelada en hoteles de lujo, siempre acompañado de mujeres de infarto y derrochando dinero hasta que alcanza un mínimo que le obliga a dar algún golpe rápido con el que reponer. Para ello, ha tenido que someterse a una operación de cirugía estética, pues se encuentra en una lista negra de la Compañía, la mayor organización criminal del EE. UU., por sus afrentas pasadas. De nuevo, un compinche le traiciona revelando su paradero y nueva identidad, lo que obligará a Parker a cumplir su promesa de que si no le dejaban en paz, derrumbaría hasta los cimientos de la Compañía. No se lanzará contra sus rivales como un loco suicida, sino que trazará un retorcido plan para socavar la autoridad de la organización, ir minando sus recursos y ascender hasta la cabeza para eliminar a todos sus enemigos con ayuda de sus amigos.

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